Una vez medio digerida la derrota del pasado miércoles en San Siro ante el Milan, el Barça ya tiene que pensar en el partido de Liga del sábado, a las 22h en el Camp Nou, contra el Sevilla. Sin embargo, el vestuario azulgrana se ha conjurado para remontar en una nueva noche mágica europea en el Camp Nou
Acostumbrado en los últimos tiempos a convertir la victoria en una rutina, conceptos como épica, gesta y garra parecen extraños, desconocidos y casi incómodos para un Barça más habituado a la melodía de los violines que al redoble de tambores y cornetas. Sin embargo, el 2-0 de San Siro obligará a los azulgranas a remontar si quieren seguir vivos en la Liga de Campeones y no caer en los octavos de final en una competición en la que aparecían como uno de los grandes aspirantes al título. "A esta generación le falta una remontada histórica", decía Xavi Hernández, y de razón, no le falta. A pesar de no ser la primera vez que el Barça afronta a lo largo de la historia la epopeya de tener que remontar una eliminatoria en casa, los recuerdos del grupo actual no son precisamente de desenlaces felices.
Dos precedentes negativos
Los fantasmas más recientes nacieron en 2010. A un solo peldaño de la soñada final en el estadio del máximo rival, el Santiago Bernabéu, el Barça tuvo una enorme decepción en semifinales contra otro equipo lombardo, el Inter, entrenado entonces por José Mourinho. El 1-0 definitivo en el partido de vuelta en el Camp Nou, con un gol legal anulado a Bojan en el último minuto, fue insuficiente para darle la vuelta al 3-1 de la ida en el Giuseppe Meazza.
También dolorosa fue la eliminación en semifinales ante el Chelsea el curso pasado, cuando un gol de Drogba salvó a su equipo del asedio blaugrana en Stamford Bridge. La remontada era factible y así pareció cuando el Barça conseguía adelantarse con dos goles en el Camp Nou. Pero dos goles de los ingleses y un penalti desaprovechado por Messi volvieron a truncar el camino de la final.