¿Se puede perfeccionar lo perfecto? Tras el partido del Barça en la Rosaleda, la respuesta es sí. Sublime, delicioso, mayestático, serían algunos de los adjetivos que podríamos usar para referirnos a este equipo de ensueño. Lo se, nos repetimos más que el ajo, pero es que las exhibiciones son continuas y los números, reveladores
55 puntos de 57 posibles con un balance de 18 victorias y un solo empate. 11 puntos sobre el Atlético de Madrid y 18 sobre el Real Madrid de Jose Mourinho. Dígitos históricos ya que ningún equipo hasta la fecha había logrado semejante récord en la primera vuelta de la liga. Un artículo de David Aparicio - Banquilleros
En cuanto a fútbol, decir que el Barça rozó ayer la perfección, sería falso. Fue perfecto. En defensa sin concesiones, en la creación, inalcanzable y en ataque, demoledor.
Defensa: Alves, Piqué, Mascherano y Alba.
El brasileño ha vuelto. Ayer se mostró impenetrable ante Eliseu. Volvimos a ver un Dani centrado, eligiendo bien los momentos para subir al ataque. Excelente en el juego de combinación con Xavi, Busquets y Pedro.
Piqué está en un estado de forma excepcional. Anticipación, colocación y mando. Se fajó con acierto ante Santa Cruz y no regaló un solo balón en la salida. Además tuvo arrestos para subir al ataque acompañando alguna que otra contra, prueba inequívoca de que atraviesa por un gran momento.
Mascherano muy seguro en el pase horizontal y tremendamente solidario en las ayudas al lateral.
Alba enchufadísimo. No fue tan profundo como en otras ocasiones, ya que enfrente tenía un hueso como Joaquín. El andaluz no pudo nunca con el canterano y acabó desquiciado. El mejor fichaje en años.
Centro del campo: Busquets, Xavi y Cesc.
Me pongo de pie para hablar de Sergio. Lo de este chaval ya son palabras mayores. Recital del canterano ayer en Málaga. Su juego a dos toques es básico para las jugadas de transición. No pierde un balón bajo ningún concepto. Súmenle a eso un repertorio inagotable de detalles técnicos destinados a superar las marcas y una capacidad de sacrificio enorme a la hora de ejecutar coberturas. El centrocampista total.
Xavi a lo suyo. Ayer dio otra clase magistral de contemporización y pausa. Sin fallo. Primer toque y ocupación inigualable de los espacios.
Y Cesc. Fábregas está ofreciendo su mejor versión desde que llegó al Barça. Un todocampista, capaz de ayudar en la creación, incrustarse entre líneas en los pasillos interiores o tirar un desmarque de ruptura letal para marcar el segundo de la noche. Su asociación con Messi es caviar.
Delantera: Iniesta, Pedro y Messi.
El de Fuentealbilla fue el mejor con diferencia. Como Messi, juega a otro deporte o al menos eso parece cuando ves a los rivales sucumbir a su paso. Andrés es el Fred Astaire del fútbol. Baila con el balón en los pies. Filigranas necesarias para salir de apuros sin escape. Asistió, dirigió y decantó desde la izquierda, aunque su figura ocupó todo el ancho del campo.
Pedro a lo suyo. Sacrificio, presión asfixiante al primer defensa e incluso a Caballero. Obligando siempre al rival a despejar en largo o arriesgar el pase corto. Desmarques continuos. Eléctrico.
Y Messi. Desde su atalaya de mejor jugador del mundo, divisa sin trabas el firmamento de estrellas que tiene a su alrededor. Se entiende con todos y todos le entienden a él. A su técnica, ya le une experiencia e inteligencia. Sabedor de su poder de atracción, reparte asistencias como si fueran caramelos. Así nació el gol de Cesc, tras un pase aéreo sensacional. Instinto, el que tuvo para buscar el primer gol tras pase atrás del penitente Camacho. Demasiado regalo para un as.
Y a todo lo dicho súmenle un Thiago chispeante, que se sacó de la manga un golazo tras jugada personal de quilates. Un chaval que apunta a crack mayúsculo. Un sucesor de Iniesta en potencia.
Ayer, el Barça fue una delicia en el juego corto y una guadaña en el largo. Dominó todas las artes, las domó a su antojo. El Málaga que comenzó y terminó sin miedos, no pudo más que rendirse a la evidencia. Ahora mismo son insuperables.
Lo que diferencia a este Barça del resto de equipos, aparte obviamente de la calidad individual de cada uno de sus integrantes, es el hambre insaciable de gloria de la que hacen gala cada vez que se visten de corto. Con el tres a cero, los de Tito buscaban con frenesí el cuarto. Hay compromiso, alegria, decisión y confianza. La competencia dentro del grupo es feroz y sin embargo, todos van a una. No importa quien juegue, no importa el rival, el Barça nunca defrauda. Siempre fiel a sus principios, a su idea futbolística.
Ayer en la Rosaleda se juntaron todas las virtudes de un equipo que ya es leyenda: Defensa con el balón; presión asfixiante tras las escasas pérdidas; paciencia en los primeros compases ante la frescura de un Málaga valiente y decidido; Circulación del balón supersónica a uno o dos pases como mucho; desdoblamiento de los laterales, en especial Alves; intercambio de posiciones constantes, con Cesc multiplicándose y apareciendo de segunda línea. Todo ello adornado con dribblings, controles y centros de playstation. Y los rondos, claro.
¿Y el Madrid? El Sábado los blancos se dejaron ir en Pamplona. Craso error. Es cierto que la liga está imposible o casi imposible, sin embargo, no obligar al Barça a la victoria, redunda en que los azulgrana puedan vivir estas semanas previas al inicio de la Champions, con suma tranquilidad y dosificando esfuerzos. Además, jugarse la temporada a copas, tiene muchos riesgos. La liga la gana generalmente el más regular. Es un torneo en el que el fallo, penaliza, pero poco. Siempre hay opción de remendar un tropiezo En los torneos del KO, existen multitud de factores externos o ajenos que pueden decantar en un momento puntual la balanza, independientemente de que hayas sido o no el mejor. Suerte, árbitros, un mal día, una expulsión inesperada, lesiones o sanciones por amarillas.
El Barça transita como un tren de alta velocidad por una liga que ya no es bipolar. Un impulso que debe aprovechar para afrontar lo que está por venir. Nosotros, los aficionados culés, seguiremos disfrutando de ese delicioso vértigo.
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