Un artículo de David Aparicio - @Banquilleros
Ganar y perder constituye la esencia de cualquier deporte. Una cosa no puede existir sin la otra. ¿Conocen algún deportista, de cualquier especialidad, que nunca haya perdido? Dejando al margen a Usaín Bolt (Dentro de unos años será motivo de estudio por parte de cuarto milenio), todos han probado el gusto amargo de la derrota. El Barça obviamente no es una excepción, aunque escuchando algunas de las críticas tras la derrota en Champions ante el Celtic, pueda parecer lo contrario.
Supongo que es una cuestión de costumbre, lo de perder y ganar digo. Los Messi, Xavi, Iniesta, Villa, Cesc, Busquets y compañía son esos padres dadivosos que ávidos de silencio nos regalan una chuche para que estemos calladitos. Normal que nosotros, hijos malcriados y caprichosos, nos sintamos perdidos y desorientados cuando del bolsillo de mami no emerge el habitual tintineo de monedas.
Y en esas estamos los culés. La pataleta va por barrios. Mientras desde el club se acepta con tranquilidad esta derrota inesperada pero no imposible, la afición y los medios se debaten sobre el futuro del equipo, los refuerzos de verano, la necesidad de un plan B para encuentros atascados o la idoneidad de contratar a un psicólogo para los partidos de muralla y autobús.
Personalmente la derrota de ayer me preocupa más bien poco. Sí, hubo algunos detalles evitables y ciertos futbolistas (Alves y Alexis no están para la titularidad) que no rayaron a su mejor nivel. Sin embargo el equipo fue reconocible, es decir, jugó a lo de siempre, posesión, control de los tiempos, avance en bloque y machacar cual martillo pilón a la defensa contraria; Y jugar a lo de siempre, en este Barça, equivale a ganar 99 de cada 100 veces.
Tuvimos el balón, hicimos ocasiones, nos estrellamos dos veces en el palo y convertimos a su portero en un Javi Varas virtual. El Celtic no tuvo más remedio que juntar líneas, aglutinar hombres en su área grande y rezar. Bueno, eso y lanzar dos contras amén de un gol de córner de esos que te puede meter cualquier equipo independientemente de su categoría. Ya digo, nada que no hayamos sufrido antes. Hubo actitud, hubo ganas, hubo intensidad y hubo fútbol por parte de los azulgrana y eso creo que son motivos más que suficientes como para mantener la cordura.
Podría hacerles un análisis técnico-táctico de 4 folios y al final, llegaríamos a la misma conclusión de casi siempre, el post-partido se rige por la tiranía del gol. Si ayer esos dos palos hubieran sido tantos, hoy estaríamos hablando del paseo del cuadro blaugrana en esta liguilla previa. Y es que cuando la pelotita no quiere entrar, poco o nada se puede hacer. Insistir en la idea, no desfallecer al mínimo tropiezo, preservar la personalidad ante la urgencia, es lo que ha convertido al Barça en lo que es hoy, un referente mundial. Abandonar esa inercia, tomar un atajo atractivo a la vez que efímero, sería cometer un error de proporciones mayúsculas.
Tampoco todo ello debe inhibir la reflexión. Siempre es obligatorio extraer conclusiones de la equivocación. Bajo mi punto de vista lo más preocupante ayer fue observar las graves carencias del equipo en el juego aéreo. El Barça ya sufrió en casa contra este mismo equipo en esas lides y en Glasgow volvió a ocurrir. No hay que dramatizar. La vuelta de Puyol y Piqué solucionarán muchos de los problemas que acucian a la escuadra de Tito Vilanova (Añadan que ayer no jugó Busquets, un futbolista que no solo dota al once de mayor altura, sino que aporta un juego de coberturas excepcional). Sin embargo la irregularidad está ahí y Tito debería trabajar en mitigarla para encuentros donde no podamos contar con los dos colosos. También Alba debe aplicarse en mejorar ciertos aspectos defensivos donde presenta lagunas serias. Su aportación en ataque es incuestionable, pero ha de entender que una cosa no exime la otra.
Poco más. Como decía al principio, no podemos exagerar el tropiezo. La derrota debe servir para mejorar. Un toque de atención para todos. La temporada ha comenzado muy bien, pero en el fútbol actual, si bajas el ritmo, cualquiera te puede ganar. Además, la flor de Tito no es infalible y en esto del fútbol, dos y dos, no siempre son cuatro, ni tan siquiera para el Barça.
