Resulta que esta
empresa, dueña de la Qatar Foundation, a su vez, pertenece al QIA (Qatar Investments Authority). Este es el
fondo de inversión soberano del emirato catarí. En conclusión, el Barça firmó
el contrato, no con la Qatar Foundation
(presidida por la mujer del jeque, que no la jeca, ni mucho menos la jaca) sino con el gobierno de Catar.
En el contrato firmado, la Qatar Sports Investment se reservó el derecho de cambiar de sponsor tantas veces como quiera. Por eso, el segundo año de estos 5 firmados, la QSI (por lo tanto, el QIA) ha decidido cambiar la Qatar Foundation y su arbolito vetado, por Qatar Airways y su cabra infame, que mucho me temo esta vez no se podrá eliminar de la camiseta.
Esto ha propiciado una ruptura unilateral del contrato con Turkish Airlines. Lógicamente la aerolínea no ha admitido pagar y que otra empresa del sector sea directamente relacionada con la marca Barça por aparecer en su camiseta. Esto ha supuesto 3 millones menos anuales a las arcas del club. El club, por poner Qatar Airways en el pecho, percibirá un total de 3 millones de euros menos que el año pasado. Otra cosa, ¿Quién paga los viajes la temporada que viene?
Por otro lado, el fondo de inversión catarí domina una infinidad de empresas de diferentes secotres. El PSG e Ibrahimovic’, las últimas adquisiciones sonadas del jeque. Pero hay más. Imagínense que, anualmente, el jequé catarí utiliza la camiseta del Barça para potenciar empresas de diferentes sectores en los que el Barça ya tiene ocupado el cupo de sponsors. Por ejemplo:
En definitiva, Qatar Investments Authority, es decir, Qatar Sports Investments, padres fundadores de la “magnífica” Qatar Foundation, pueden utilizar la camiseta a su antojo para imponerse en el mercado a empresas del sector y a la vez, hacer perder dinero al club año tras año. Un negocio redondo, vaya.