El cambio de ciclo es un anhelo, no una realidad


"Hemos acabado con un ciclo". Así reza la portada hoy del diario AS. Las declaraciones son de Cristiano Ronaldo, ya saben, ese portugués que no duda un instante en proclamar a los cuatro vientos que él es mejor que Messi. Lo de este chico es pura obsesión al azulgrana. En realidad le entiendo. Vivir bajo el yugo de Mourinho implica precisamente esto, soltar cual papagayo parlanchín las sobradas del que lleva la fusta. No obstante, su asesor de imagen, que supongo lo tendrá, debería aleccionar a su cliente. Esta ausencia de humildad, inducida, solo acrecienta la animadversión del respetable. Mal asunto.

Hace tiempo que sostengo la tesis de que el Real Madrid sufre un síndrome de Estocolmo severo. Se aprecia en los futbolistas, los directivos, la presidencia y los propios aficionados. El título de liga solo virulenta aún más el estado catatónico de los que carecen de personalidad propia. Autómatas en un mundo luso. Ellos sabrán. Los que estamos lejos y vemos las cosas con más perspectiva, asistimos atónitos a la autodestrucción blanca. Sí, puede sonar a guasa habida cuenta del momento álgido por el que atraviesa el Real Madrid, sin embargo, lo creo a pies juntillas. El resultado del tsunami portugués se apreciará en toda su magnitud cuando los Medesboys abandonen el barco.

En relación a las declaraciones del pavo real, qué puedo decir; Lo de los ciclos es más viejo que Carracuca. Personalmente no creo mucho en ellos. Los equipos están en permanente evolución y el Barça no es una excepción. La entidad culé atraviesa un momento de metamorfosis evidente y aún así, está en disposición de conquistar su cuarto título esta temporada. Disponemos de una plantilla equilibrada, joven y con nuevos alicientes. Pero lo más importante es que el club posee una filosofía clara, una hoja de ruta inquebrantable independientemente de quien esté al mando del timón. Estamos asistiendo a una evolución que no revolución, controlada.

El Barça edifica su futuro mientras compite al máximo nivel. Hemos presenciado una temporada formativa para jugadores que en un futuro cercano serán resolutivos y fundamentales. Hablamos de Cesc, Thiago, Alexis, Montoya, Cuenca, Tello… Forjamos la continuidad del proyecto permitiendo que la sabia nueva se asiente. Otros relegan al ostracismo a los que deberían ser el fututo blanco, cantera incluida. Cuando Sauron se marche, dejará tras de sí un reguero de jugadores titulares exprimidos sin conciencia y unos reservas sin cartel. Tranquilos madridistas, eso se soluciona con un pelotazo. Es lo que tiene este país. Premia a la cigarra y castiga a la hormiga.

Deduzco pues que las declaraciones de Mourinho, perdón, quise decir Cristiano, obedecen a ese temor latente que asoma en la intimidad de tu hogar, allá donde no hay micrófonos ni cámaras. Esa sensación de que el rival, aún en la derrota, sigue creciendo sustentado en unos pilares sólidos e indestructibles. Decir mil veces una mentira, no la convierte en verdad. En las palabras del pavo real y en general del madridismo, deduzco más un anhelo, una necesidad vital que una certeza. Su propia ansiedad les delata.

El futuro, siempre, tendrá color azul y grana.

Publicado por EBV - @Banquilleros