En el tramo final del partido contra el Rayo, Gerard Piqué forzó la tarjeta amarilla para descansar el sábado contra el Levante y quedar limpio para jugar en el Bernabéu. El defensa azulgrana perdió mucho tiempo en el lanzamiento de una falta y el árbitro, Pérez Lasa, que también se hizo rogar un poco, lo acabó amonestando. El colegiado vasco reflejó en el acta arbitral que la tarjeta amarilla mostrada a Piqué se produjo "por retrasar la reanudación del juego" y no para provocar la quinta amonestación, lo que le podía acarrear más de un partido de suspensión y no jugar el clásico contra el Real Madrid.
Según el artículo 112 del Código Disciplinario de la RFEF, si el árbitro recoge en el acta que el futbolista ha provocado la quinta amonestación, entonces, además de la sanción prevista (un partido de suspensión), podría sumarse se un partido más, así como una multa de 600 euros. "Para la determinación de la intención del futbolista se tendrán en cuenta circunstancias tales como la naturaleza de la regla del juego infringida, la actitud del futbolista durante el partido, etc. A tal efecto, el árbitro del partido estará habilitado para constar esta circunstancia en el acta arbitral ", determina el apartado tres del artículo 112 de dicho código.
