Xavi Hernández afrontó el pasado miércoles su décimotercer clásico. Con el pase de la final de Wembley en juego, y tras caer en la Copa del Rey en Mestalla, el del miércoles era seguramente uno de los más trascendentes -si no el que más- que disputaba, pero él no se inmutó lo más mínimo. Xavi olvidó quién era el rival, cuál era el escenario del partido y se limitó a hacer su papel igual que siempre dentro del campo. Ni siquiera la ausencia del lesionado Andrés Iniesta, que a priori le reportaba mayor responsabilidad en la creación del juego, le afectó lo más mínimo. Xavi saltó al césped del Santiago Bernabéu y desempeñó el rol que lleva haciendo desde que entró en las categorías inferiores del Barça con sólo 13 años: dominar el balón y...
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MD
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