Cuatro golazos, cuatro obras de arte que por sí mismas ya justificarían pagar la entrada en cualquier campo del mundo, sirvieron para que el Barça desmantelase en un plisplás al desangelado Atlético de Abel Resino, que ya en su etapa de portero rojiblanco se había llevado unas cuantas tundas en el Camp Nou. La quinta perla de la noche ...
LEER NOTICIA