Una cosa es intentar intimidar al crack del equipo rival con un juego viril, pero noble, y otra muy distinta es hacer una caza deliberada con durísimas entradas desde el primer minuto. Lo que sucedió el sábado en el clásico debe hacer reflexionar a todas las cabezas pensantes del fútbol español. Esta vez le ha tocado sufrir el acoso y derribo a Leo Messi, que afortunadamente salió más o menos vivo ...
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